La carta de presentación silenciosa: de la frente al apretón de manos
En la comunicación, a menudo nos enfocamos solo en las palabras, pero ¿alguna vez te has preguntado si tu rostro realmente revela quién eres antes de que digas una sola palabra? Aquí es donde entra la morfopsicología, también conocida hoy como neurociencia facial, una disciplina fascinante que se enlaza con la fisionomía. Esta nos invita a leer el comportamiento humano y sus capacidades a través de la cara. Lo que leemos es la forma: el tamaño de la cara, la altura, la estructura de los ojos, la nariz, los orificios nasales e incluso la tonicidad de la piel y la frente. Es crucial entender que esta lectura es estática, lo que la diferencia de la comunicación no verbal, que se mide en dinámico.
Ahora seamos cautelosos: aunque figuras como Louis Corman o Julián Gabarre han investigado y demostrado su eficiencia, la morfopsicología no está aceptada por la comunidad científica como una ciencia empírica. Por lo tanto, debemos usarla como una herramienta para validar hipótesis y adaptar nuestra comunicación, ¡nunca para emitir juicios cerrados o etiquetar a alguien! ¿Acaso queremos ponerle una pegatina a alguien solo por la forma de su barbilla? Lo increíble es que el estrés o el comportamiento diario actúan sobre los 12 pares de nervios que conectan el cerebro con la estructura ósea de la cara, modificando nuestros rasgos con el tiempo. Por ejemplo, si una persona vive bien o en un ambiente frondoso, su cara tiende a dilatarse y ensanchar, mostrando una tendencia más extrovertida y receptiva. Si, por el contrario, la vida está llena de tensión, la cara se contrae, volviéndose más retraída, hipersensible y selectiva.
El rostro se divide en tres "pisos" de capacidad:
1. La zona cognitiva (frente) nos habla de ideas, abstracción y rapidez mental. Una frente muy alta, por ejemplo, tiende a ir más a las ideas que a la concreción.
2. La zona emocional (pómulos y nariz) se relaciona con la capacidad emocional. Si esta zona es ancha, indica una gran capacidad emocional, aunque no necesariamente una buena gestión de ella.
3. La zona instintiva (mandíbula y mentón) sugiere resistencia, capacidad de hacer cosas y de logro.
La morfopsicología te ofrece superpoderes: el poder de observar para comprender, nunca para juzgar. ¿No te parece una herramienta poderosísima para adaptar tu mensaje desde el inicio?
Ese "inicio" es el saludo, que es mucho más que un formalismo; es un chivato impresionante de nuestro estado de ánimo y nerviosismo. La herramienta más común al conocernos es el apretón de manos. Para que sea neutro y muestre igualdad, tu mano debe estar alineada con la del otro. Pero ¿qué pasa cuando alguien te da la mano mostrando los nudillos? Eso se llama mano en pronación e, inconscientemente, esa persona está indicando dominio: "Aquí mando yo". Por el contrario, si te dan la mano mostrando la palma (supinación), te están mostrando una vulnerabilidad, indicando que se someten y que tú tienes el control. ¡Y ojo con la "mano lánguida" o de sardinas!Aunque parezca desgana, puede ser un acto de superioridad, diciendo: "Te doy la mano porque toca, pero hasta ahí".
El contacto físico sigue revelando intenciones con la mano de refuerzo. Si alguien te da la mano y te pone la otra en el antebrazo o el hombro, cuanto más arriba se ponga esa mano (cerca del cuello o zona de "peligro"), más muestra de superioridad o de rol paternalista está dando, como un "soy como tu padre". Cuanto más abajo se coloque, más afable y cariñosa es la intención. La postura del cuerpo también lo dice todo: si tu cuerpo se vence hacia el otro, muestras cordialidad, mientras que, si te echas para atrás, indicas repulsa o que no estás a gusto.
Y hablando de afecto, ¿alguna vez te has chocado al intentar dar un beso o abrazo?Elabrazo por la derecha es social; por la izquierda (corazón con corazón) es emocional. La confusión se da cuando los cerebros de los interlocutores interpretan diferente la intención. Para un primer contacto exitoso y afable, la recomendación es acercarte sin invadir el espacio, mantener una postura abierta, sonreír y, un detalle clave, levantar las cejas. Al levantar las cejas, tu cerebro comunica sorpresa y alegría genuina de ver a la otra persona. ¿Hay mejor manera de iniciar una relación que mostrando alegría al ver al otro?